Dr. Alex Ortiz Espada
Cirujano de la Mano al Hombro. Traumatología del Deporte

Rizartrosis. Artrosis del pulgar.

La RIZARTROSIS o artrosis de la base del pulgar es un proceso que afecta a la articulación entre el trapecio y el primer metacarpiano (articulación trapeciometacarpiana o TMC). Esta articulación es una de las más móviles de la mano y el organismo, y permite la colocación del pulgar en múltiples planos del espacio. Así pues, es una de las principales responsables de la gran capacidad funcional que tiene la mano.

Las funciones de asir (coger) y realizar la pinza pueden llegar a originar grandes vectores de fuerza y presión que recorren el pulgar hasta la mano. Esto, unido a la debilidad ligamentaria crónica en esta articulación, puede originar inestabilidad y posterior desgaste cartilaginoso (artrosis).

Este proceso artrósico se manifiesta como dolor en la base del pulgar y talón de la mano, sobre todo con la movilidad, al realizar la pinza y coger objetos. Este dolor puede originar pérdida de fuerza, y en estados avanzados, deformidad del pulgar. Todo junto origina un cuadro importante de discapacidad de la mano.





Rizartrosis en sus diferentes estadios radiológicos

Para el diagnóstico suele ser suficiente una radiografía convencional de la mano. Con esto se establece el grado de afectación y así podemos determinar cuál es el mejor tratamiento. 

El tratamiento debe ser un proceso escalonado dirigido y vigilado por un especialista en patología de la mano. El tratamiento inicial tras el diagnóstico suele ser de tipo conservador, en el cual tienen un papel muy importante la fisioterapia, la rehabilitación y la terapia ocupacional. Se podrán realizar tratamientos pasivos, y sobre todo programas activos, donde el paciente podrá realizar ejercicios específicos y se deberá modificar aquellas actividades que sean perjudiciales para la evolución del proceso. El uso de muñequeras, ortesis o férulas puede estar indicado en algunos casos.

La mayoría de los casos iniciales responden al tratamiento descrito, pero cuando éste es insuficiente es necesario aplicar tratamientos más incisivos como las infiltraciones o las intervenciones quirúrgicas.

Se pueden realizar infiltraciones puntuales con corticoides para reducir el proceso inflamatorio reactivo, y así pues los síntomas, o incluso puede infiltrarse otros medicamenteos  como hialuronatos, con los que se tienen larga experiencia en el tratamiento de articulaciones artrósicas como la rodilla. Las infiltraciones con plasma rico en plaquetas o factores de crecimiento podrían tener un efecto beneficioso sobre esta patología, aunque no existen estudios concretos de resultados al respecto.




Finalmente, todos aquellos casos que no responden a las medidas mencionadas, requerirán intervención quirúrgica. Ésta debe ser siempre programada y realizada por un experto en la cirugía de la mano y la muñeca. Existen multitud de técnicas para su realización y habrá que tener en cuenta las características del paciente, el grado de la lesión y las preferencias del cirujano. Se deberán contemplar las expectativas del paciente y los tiempos del postoperatorio, de manera que paciente y cirujano puedan afrontar la fase de recuperación con las mejores garantías. Las técnicas más clásicas permiten corregir el proceso y aportar una correcta función a la mano, lo cual se ha venido contrastando en la larga experiencia acumulada de años de seguimiento. Actualmente se desarrollan novedosas técnicas artroscópicas, mínimamente invasivas, como las que realiza nuestro equipo y en las que se consigue una recuperación más rápida a expensas de minimizar la agresión quirúrgica.