Dr. Alex Ortiz Espada
Cirujano de la Mano al Hombro. Traumatología del Deporte

Síndrome subacromial y tendinopatías del manguito rotador.

El dolor de hombro es una de las dolencias articulares más comunes. El hombro es una articulación compleja que se caracteriza por su gran movilidad. En ella encontramos huesos, ligamentos, tendones y bolsas sinoviales que conviven en un equilibrio funcional. Debido a esta complejidad y número de estructuras implicadas, son muchas las dolencias por las que puede verse afectado.

Podremos encontrar cuadros de compresión de los tendones contra el hueso durante la movilidad del hombro (síndrome de compresión subacromial), cuadros en los que se inflamen las bolsas sinoviales que rodean las estructuras tendinosas (bursitis) y cuadros en los que se produce el deterioro crónico de los tendones que rodean la articulación del hombro (tendinopatia). En un gran número de casos se asociarán estos 3 fenómenos en un mismo proceso.

Este tipo de cuadros de compresión/tendinopatía se origina típicamente en aquellas personas que realizan esfuerzos con la extremidad, sobre todo por encima del nivel del hombro. Estos pacientes tendrán un claro componente mecánico. En algunos casos, el proceso surgirá de manera progresiva y sin aparente causa, debido a un principal componente biológico.

La forma de manifestarse de este cuadro es el dolor, y la dificultad de movilidad del hombro. El dolor puede ser con el reposo y con el movimiento, localizado en la parte anterior y lateral del hombro. En los casos en los que la gravedad vaya aumentando, el dolor será mayor incluso llegando a despertarle durante la noche, y se originará falta de fuerza e incluso rigidez.

Imagen de tendinopatia de manguito rotador en Resonancia Magnética

Para su diagnóstico es necesaria una completa exploración por parte del especialista, que a través de la realización de maniobras específicas podrá orientar el diagnóstico de la lesión. Además se podrán realizar exámenes complementarios como las Radiografías y sobre todo la Ecografía y la Resonancia, que nos darán información excelente sobre las estructuras tendinosas implicadas en esta patología del hombro. Cabe destacar que la ecografía es una prueba rápida, inocua y económica que se encuentra a disposición de la mayoría de médicos relacionados con estas patologías, y es capaz de aportarnos gran cantidad de información para el adecuado tratamiento de estas lesiones.

El objetivo del tratamiento es reducir el dolor y restablecer la movilidad completa del hombro. En la mayoría de los casos se inicia un tratamiento conservador en el que tendrán cabida el reposo relativo, las modificaciones de la actividad que pueda estar originando el cuadro, la toma de analgésicos o antiinflamatorios y por supuesto la realización de fisioterapia y rehabilitación. Este último punto es fundamental y requiere la atención de un fisioterapeuta especializado en patología del hombro.  

En algunos pacientes en los que no se haya conseguido la mejoría completa, así como en los que se produzca un proceso inflamatorio agudo, puede estar indicada la realización de una infiltración en el hombro. Los corticoides son muy eficaces en la remisión rápida de síntomas más agudos, pero su eficacia a medio y largo plazo está muy controvertida. Existe la posibilidad de infiltración con productos con perfil biológico (hialuronatos, plasma rico en plaquetas, factores de crecimiento, sangre autóloga…) pero su eficacia no está del todo contrastada y su indicación debería ser individualizada entre médico y paciente.




Finalmente, aquel pequeño grupo de pacientes que no respondan a los tratamientos conservadores necesitarán una intervención quirúrgica. Actualmente ésta se suele realizar por vía artroscópica, con mínima agresión y rápida recuperación, y en ella se realiza una limpieza de las bolsas inflamatorias (bursectomía) y apertura de los espacios donde se alojan los tendones (acromioplastia: fresado del hueso). Se examinan los tendones lesionados, e incluso se reparan si éstos se encuentran rotos de manera parcial o completa. Esta intervención suele requerir anestesia regional (a veces también general) y una noche de ingreso. 

Los pacientes necesitan un periodo de rehabilitación postoperatoria que se puede prolongar durante semanas o meses, aunque la recuperación para la vida diaria normal se lleva a cabo a los pocos días de la intervención.